“Cuando canto, yo no canto, les canta mi corazón y ahí no cuenta ya la voz, sino la razón del canto. Y por eso canto, y no canto, y mi silencio es cantor. Y todos saben qué siento y esa es mi canción mejor”.
Cuando le preguntan quién le enseñó a cantar y a tocar, él responde que una noche de luna llena se enterró en las arenas del Huancar y antes de que se quedara dormido, el Huayra de la Puna le entregó su voz. Al despertar, se levantó cantando y tocando su guitarra y por eso la fuerza y los matices de su voz describen lejanías, inmensidades cósmicas y acercamientos íntimos al sensible corazón de los caminantes del altiplano.
“No se trata de enfrentar a las culturas hegemónicas, sino de conocer, sostener y construir lo propio, desde nuestras raíces”
“En el plan para dividirnos a los hombres de América, nos aprietan de a poquito; porque no es lo mismo someter a todo un continente. Van nación por nación, pueblo por pueblo y –en lo posible- haciéndonos enfrentar entre nosotros”.
“Pienso que ni los chilenos ni nosotros, nunca quisimos la guerra y también hay que tener en cuenta que ni en el gobierno chileno ni en el argentino tenemos a un presidente que represente a nuestra tierra, que sea alguien originario...”.
“La música y el canto siempre nos pueden unir. Nos podemos juntar con alguien que vemos por primera vez, pero en cuanto alza su voz se muestra y nos muestra de quien se trata”.
“Nacemos de la Tierra y volvemos a ella, para hacernos polvo. Es por eso que le tenemos un gran respeto a la Pachamama, porque somos parte de ella. Durante el mes de agosto le devolvemos, como ofrendas, algunos de los mejores frutos que nos dio generosamente, durante el año”.
“Viajo a Colombia, no como un estudioso, sino para retomar el contacto con antiguas y comunes raíces, vigentes hoy en toda América y el Mundo. Esas raíces son las de la diversidad, que enriquece, y lo opuesto a la uniformidad, que nos empobrece a todos”.
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